lunes, 8 de noviembre de 2010

Pasados por agua: ¡Bienvenidos a Costa Rica! (Parte 4)

Parte 4: Los volcanes

Durante nuestra estadía en el centro del país, la lluvia siguió arreciando todos los días haciéndonos sentir miserables cuando regresábamos empapados hasta la ropa interior. Además de sus famosas playas y monos, Costa Rica también es conocido por sus volcanes. La mayoría de ellos se concentra en el centro del país y quisimos aprovechar para subir al cráter de uno activo.

El volcán Poás es el más cercano a Alajuela y hay una ruta que llega hasta el mismísimo cráter. Lo que no hay es mucho transporte público que digamos (para variar). Solo hay un autobús que sale a eso de las 10am y regresa a las 2pm lo que no te da mucho tiempo para disfrutar del volcán y sus alrededores. Por eso, seguimos el consejo de nuestra amiga española Nuria y nos fuimos bien temprano para aprovechar el día.

CR03_00183 Arrancamos a las 6am y nos tomamos 2 colectivos. Luego, era cuestión de esperar a que pasara otro autobús de horario incierto, tomar un taxi exorbitantemente caro, hacer dedo o caminar hacia arriba unos 12 km hasta la entrada al parque. Las únicas opciones realistas eran las últimas dos así que nos pusimos a caminar. No habíamos hecho 100 metros creo cuando empezó a chispear. En eso, de la nada, apareció el autobús. Le preguntamos si nos llevaba al parque y nos dijo que sí pero resultó que en realidad terminaba el recorrido como a 7km de la entrada!!! Resignados y abatidos emocionalmente nos enfrentamos nuevamente a la caminata bajo la lluvia. En menos de 5 minutos ya llovía torrencialmente y en 15 estábamos hechos sopa. Por suerte, Jennifer, una estadounidense con un grupo de estudiantes, se apiadó de nosotros y nos llevó hasta el mismísimo parque. Decidimos esperar tomando un cafecito (lo único que podíamos pagar) en el centro de visitantes hasta que parara la lluvia. Una hora, dos horas. ¡Puta! ¿Dejará de llover en algún momento? ¿Para esto hicimos el sacrificio de despertarnos a las 5 de la mañana?

Cuando parecía que ya terminaba de llover decidimos hacer un intento hasta el cráter para matar el aburrimiento y ver si entrábamos en calor porque, después de tanta espera y mojadura, ningún café del mundo ni la ropa de invierno que llevábamos podía lograr mantenernos abrigados. En vano. A 200 metros del punto de partida comenzó a llover otra vez y esta vez el agua venía acompañada de ráfagas de viento helado. No importa, sigamos adelante. ¡Por fin, ahí está el cráter! ¿Dónde? Según este cartel debería estar ahí. Pues yo no lo veo, está todo nublado, no se ve nada!!!

CR03_00208Con nuestro ánimo por el décimo subsuelo, regresamos al centro de visitantes bajo la lluvia y el viento incesantes. Jennifer nos ve y nos avisa que ya se va porque no se puede ver nada y nos ofrece llevarnos de vuelta al pueblo. ¿Qué hacemos? Le agradecemos la oferta pero nos quedamos con la esperanza de que el viento cambie de dirección pronto y se lleve las nubes lejos. Pasa otra hora y nos aventuramos por segunda vez. Llegamos nuevamente hasta donde debería estar el cráter pero solo encontramos una pared blanca y un viento huracanado que cala hasta los huesos. ¡Pero será de Dios! Tomamos el sendero que atraviesa la selva hasta llegar a la laguna de un cráter extinto y el paisaje vuelve a repetirse. Nubes, nubes y más nubes que lo cubren todo.

Ya resueltos a regresar después de 4 horas de sufrimiento, volvemos a pasar una última vez por el mirador. Blanco, blanco, gris, marrón, rojo. ¡El viento está cambiando y se está llevando las nubes! De a poco, como si se tratara de jugar a las escondidas, el cráter comienza a dejarse ver. Es enorme y está con bastante actividad. Descubrimos que las nubes no son solo nubes, también son gases provenientes de las fumarolas del volcán. Bueno, todo muy lindo pero no valió la pena el sufrimiento ni la espera. Al cabo, que si hubiéramos tomado el autobús de las 10, hubiéramos dormido más, sufrido menos y llegado justo a tiempo para ver el cráter.

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CR05_00303Nuestra siguiente parada fue el pueblo de La Fortuna, a los pies del volcán Arenal. A diferencia del Poás, este se caracteriza por su forma cónica y sus erupciones. ¡Sí! Por las noches, puede verse la lava que emana del cráter. Estamos ansiosos por comprobarlo con nuestros propios ojos.

El pueblo afortunadamente (¡cuak!) es mucho más bonito que el resto de las ciudades donde estuvimos, y nuestro hogar temporal, en casa de Iván, un pequeño paraíso con vista privilegiada al volcán. De a ratos, se lo escucha rugir e inmediatamente se ve la nube que sale de la cima.

 

CR05_00349 Como ocurre con casi todos los parques en Costa Rica, llegar hasta ellos en transporte público es prácticamente imposible. El único servicio nos deja a 7km. Nos mandamos igual con la esperanza de encontrar a alguien que nos acerque el último trecho. Por suerte, solo anduvimos 15 minutos hasta que una pareja de franceses (Michel y señora) se ofrecen a darnos el aventón. En menos de 20 minutos llegamos hasta la colada de la última gran erupción del volcán y lo escuchamos rugir un par de veces. Hasta vemos cómo ruedan cuesta abajo algunas de las rocas que expulsó durante la mini-erupción. ¿Y la lava? Ni noticias, al menos, por ahora. Dos horas más tarde ya habíamos recorrido todo lo que hay por recorrer en el parque en compañía de una pareja de brasileros. Los chicos se ofrecen a llevarnos de vuelta al pueblo. Menos mal. No bien subimos al auto comienza la lluvia torrencial de todos los días. Buscamos refugio en un bar y esperamos a que pase compartiendo anécdotas y unas cervezas. La tormenta es tal que el volcán desparece detrás de las nubes.

La noche siguiente decidimos montar guardia frente al volcán para ver la famosa lava de las fotos. No fuimos muy originales. Alrededor de otras 100 personas esperan ansiosas lo mismo. De repente, pin pun pan, se ven unos destellos en la cumbre y algunas piedritas incandescentes que descienden rodando por la ladera de la montaña. ¿Y la lava? No hubo lava esta vez. Cada vez está más fresco y el volcán no da señales de actividad alguna. Decepcionados, nos vamos a buscar un lugar donde pasar la noche. ¡Eso es todo amigos!

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Esta historia continuará…

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Ciudad Quesada, Costa Rica
24 de julio de 2010

domingo, 7 de noviembre de 2010

Pasados por agua: ¡Bienvenidos a Costa Rica! (Parte 3)

Parte 3: El costado más feo

La “más segura” Alajuela resultó ser el centro de operaciones de unos habilidosos carteristas. A pesar de haber sido advertidos de su pericia a lo largo y ancho del país, JP hizo oídos sordos de todas las advertencias y salió con la billetera en el bolsillo lateral del pantalón (habrá que perdonarlo, era un domingo temprano por la mañana, a lo mejor estaba dormido :).

La cuestión es que fuimos a tomarnos el autobús que nos llevaría a nuestro siguiente destino a un paradero (aquí no había terminal propiamente dicha). El lugar estaba repleto de gente que aguardaba en la vereda. Cada autobús que venía, anunciaba como 10 destinos distintos y se hacía muy difícil a priori poder dilucidar si era el que teníamos que tomarnos. No nos quedó otra que preguntar a los que nos rodeaban. En una de esas, llega un autobús y aparece un muchacho, (ingenuamente creemos que es el asistente del chófer/cobrador) que nos indica que ese es nuestro autobús. Debido a la cantidad de gente presente y que el autobús viene lleno, decidimos separarnos. JP se encargaría de despachar las mochilas y yo de reservar los asientos. ¡Error! Era la oportunidad que esperaban los malandras.

El “asistente” toma una de las mochilas y empieza a alejarse entre el gentío. JP lo sigue como puede. El “asistente” carga la mochila en el maletero y JP presiente que hay algo que no está bien. En ese momento lo empujan pero no hay nada que pueda hacer más que empujar hacia atrás. Al guardar la segunda mochila en el maletero nota que ya no tiene la billetera y me grita indignado desde abajo que le habían robado. Imposible encontrar al chorro entre la marea humana. Bajo lo más rápido que puedo del autobús (no es fácil porque la gente no se mueve ni me deja pasar). Nunca lo había visto tan enojado ni sacado. La gente, inmutable. Recuperamos las mochilas del maletero y buscamos un lugar donde tranquilizarnos.

De pronto, aparece una muchacha que se presenta como policía fuera de servicio y se ofrece a ayudarnos. Llama por el celular a la policía y nos compra una botella de agua. Nada sirve. JP sigue como loco y no lo puedo tranquilizar. Desaparece por minutos mientras se va a dar vueltas por la zona con la esperanza de encontrar al hijo de puta que le robó sus cosas. No logro hacerlo entrar en razones. Pasa más de una hora y la policía brilla por su ausencia. La muchacha se despide ya que viene su autobús. Nosotros seguimos esperando.

Al rato llega un taxista que se ofrece a llamar a la policía nuevamente. Nos dice que van a venir en seguida. Le explicamos que hace más de una hora que los esperamos pero, según le informaron, ellos no habían recibido ninguna notificación. Hartos de esperar y completamente desmoralizados, regresamos al hostel de donde nos habíamos despedido horas antes. Enseguida llega la policía turística. Desde el principio queda claro que vienen a cumplir una formalidad y que no van a hacer nada al respecto. Ni siquiera se molestan en escribir el acta, le ceden el honor a JP. Más allá del dinero que teníamos y de la algunas credenciales, no fue mucho lo que perdimos. Es más, tuvimos suerte porque bien podría haber sido el pasaporte que estaba en el bolsillo de al lado. Sin embargo, la impotencia y la frustración nos invaden el resto del día. Supimos que algo no andaba bien. Pudimos presentirlo pero aun así no pudimos evitarlo. ¡Alajuela y la puta que te parió!

Si creen que la muchacha era cómplice de los malandras, llamen al 0800-CHORRO.
Si creen que la muchacha era una buena samaritana, llamen al 0800-SANTO.
¡VOTEN YA!

Esta historia continuará…

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Ciudad Quesada, Costa Rica
24 de julio de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

Pasados por agua: ¡Bienvenidos a Costa Rica! (Parte 2)

Parte 2: El centro

CR04_00245Como pollitos mojados, dejamos el Pacífico y nos dirigimos hacia la capital del país. Las referencias que tenemos de San José no son muy buenas (fea, sucia, insegura, sin atractivos) así que, siguiendo las recomendaciones de nuestra guía, decidimos saltearla y quedarnos en la “más segura y bonita” Alajuela. Desagradable sorpresa la que nos llevamos cuando descubrimos que el señor chofer nos llevó de prepo hasta San José en lugar de dejarnos en Alajuela (digan la verdad, ¿no les parece muy gracioso el nombre “Alajuela”?). La impresión que nos llevamos de la capital en el breve lapso que estuvimos allí fue acorde a todo lo que nos habían comentado. Se parecía al Once, solo que en lugar de cumbia en los locales se escuchaba música de los ‘80. Lamentablemente las cosas no mejorarían al llegar a nuestro destino. A nosotros nos causó la misma impresión que San José, solo que en versión reducida.

Hay que destacar la precisión de estos ticos a la hora de indicarte cómo llegar a un lugar: “¿El hostal Vagamundo? Sí, claro, son 300 metros al norte y 435 metros al este”. ¡Guau! Eso sí, no vayan a preguntarles por la calle tal o cual porque no tienen idea de cómo se llaman. Mucho menos aún intenten encontrar ese bar al lado del banco pirulo pues se pasarán el día entero buscándolo ya que hace 20 años que cerró el banco y ahora allí hay una ferretería aunque en sus mentes todavía lo tienen tan grabado a fuego que lo siguen utilizando como referencia.

CR04_00246 Dado que no hay mucho para ver ni hacer en esta ciudad, nos tomamos un autobús a la cercana localidad de Sarchí, que se destaca por sus artesanías en madera. El pequeño pueblo enclavado en un valle resultó una grata y colorida sorpresa en medio de tantos días grises. No solo se consiguen aquí innumerables souvenirs en madera sino que hay todo lo que uno pueda necesitar para la casa: adornos, utensilios para la cocina, juegos de jardín, juegos de dormitorio, juegos de living, etc., etc. Hasta hay una fábrica de carretas de más de 100 años de antigüedad. Estas carretas se caracterizan por su vívida ornamentación que, a nuestro parecer, guarda gran semejanza con el fileteado argentino. Obvio, estas carretas ya no se usan para transporte sino para decoración. Hay carretas-bar, carretas-bandeja, carretas-guarda juguetes, y hasta carreta-mesa de póker! Si quieren una, después les pasamos el contacto porque las envían a todo el mundo!!!

Al día siguiente decidimos ir a conocer la ciudad capital para corroborar o refutar lo que nos habían dicho. Basamos nuestro recorrido en las rutas recomendadas por el instituto de turismo pero, para ser sinceros, no hay nada que se destaque demasiado acá, ni siquiera las iglesias. Ni que hablar de las plazas, están todas descuidadas y llenas de linyeras. El centro de la ciudad es una combinación del Once y Congreso. Caminamos todo el día y lo único que rescatamos son el teatro y el museo del jade. Las fotos de San José se las debemos ya que llevamos la cámara pero sin la tarjeta de memoria… Todos tenemos nuestros días.

Esta historia continuará…

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Ciudad Quesada, Costa Rica
24 de julio de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pasados por agua: ¡Bienvenidos a Costa Rica!

Parte 1: Las playas

CR02_00159Costa Rica, o Cossta Rriica (así es como los ticos se refieren a su país, como si se tratara de un angloparlante con dificultad para pronunciar las T fuerte y las R), más que un país centroamericano parece un estado con aspiraciones de convertirse en el 51° estado de la unión (ah, no, esperen, el 51° es Puerto Rico, entonces el 52°).

Las inversiones de los yanquis más la intervención indirecta a través de los contras han ejercido sobre la pequeña nación una fuerte presión en los últimos 30 años.  A tal punto llegan las cosas que, a pesar de tener su propia moneda, el colón, la mayoría de las transacciones se manejan en dólares estadounidenses. Es más, los precios de las cosas están directamente en dólares.

CR02_00118Entrar a un Parque Nacional cuesta 10 dolaritos (ni se te ocurra querer pagar en moneda local) y las cosas en el supermercado están más caras que en Estados Unidos y Europa, según dan fe estadounidenses y europeos por igual. Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que lleva a un país con una educación y salud supuestamente modelo en Centroamérica a esta situación absurda? Hasta donde sé, Costa Rica es el único país del mundo que no tiene ejército, al menos no propio (las mala lenguas dicen por ahí que, de necesitarlo, el ejército yanqui los defendería para proteger todos los intereses estadounidenses que hay allí). Lamentablemente, es un misterio que no pudimos dilucidad en nuestra breve estancia de dos semanas. Llegamos con muchas expectativas y muchas ganas por toda la publicidad que tiene como destino turístico pero los precios y la dificultad para trasladarse de un lugar a otro impidieron que pudiéramos pasar mucho tiempo aquí.

CR01_00024 Por los conflictos que se estaban suscitando en la frontera panameña-costarricense en el Caribe, tuvimos que cambiar nuestros planes y cruzar por el Pacífico. La frontera está bastante fea y desorganizada, casi que no tiene nada que envidiarle al cruce La Quiaca – Villazón. Adelante nos esperaban las localidades costeras de Uvita, Quepos y Manuel Antonio. Las dos primeras, son pueblos relativamente pequeños y sin encanto alguno más que sus playas de olas salvajes, ideales para el surf. Manuel Antonio, en cambio, bien podría tratarse de un exclusivo barrio de Los Ángeles, con sus resorts y desarrollos inmobiliarios de mega lujo (después, cuando lleguemos a LA les confirmamos si nuestra apreciación es correcta). Cualquier actividad que uno quiera realizar acá, al margen de la mera contemplación, implica dejar un ojo de la cara. El único motivo para venir aquí es el Parque Nacional homónimo, el más famoso de Costa Rica, por sus bellas playas encerradas en impresionantes bahías, sus aguas verdes y sus monos chorros. Podría creerse que rodeados de semejante belleza la pasamos espectacular pero nada más alejado de la realidad. Desde el primer día que llegamos, descubrimos que tristemente habíamos venido en la temporada equivocada. Todos los días, religiosamente, el cielo se cubría de nubes pasado el mediodía y alrededor de las 3 de la tarde comenzaba con su descarga torrencial hasta bien entrada la noche.

CR02_00102 La única excepción fue el día que fuimos al parque Manuel Antonio. En esa ocasión, empezó a diluviar a las 8 de la mañana y no paró hasta la noche, con excepción de dos horas al mediodía. Como el aguacero arreciaba, buscamos refugio donde pudimos ya que,  a pesar de lo comercializado que está el parque, no hay mucho donde guarecerse. Pasamos más de dos horas apiñados abajo de un toldo junto a otras 20 personas. Finalmente la lluvia comenzó a ceder y la fauna del lugar hizo su aparición. Los primeros en acercarse fueron unos mapaches caraduras que querían robarse la comida que teníamos en las mochilas. Después les siguieron los monos, los primeros más tímidos y los que les seguían, ya sin pudor, se acercaban por las ramas hasta donde estaba la gente y, en un momento de distracción, se hacían con unas galletas o sandwiches.

CR02_00145 Si  bien puede pensarse que este es un espectáculo digno de ver a nosotros es algo que nos entristece mucho. La dieta de estos animales consiste de frutos y semillas. No deberían estar comiendo comida humana y mucho menos estar esperando a que lleguen los turistas para obtener su alimento. Claro, como dice el refrán “la culpa no es del chancho (en este caso, el mono) sino del que le da de comer”. El lugar está lleno de carteles que indican que no se debe alimentar a los animales, sin embargo, no hay ningún guardaparques presente para asegurarse de que se cumpla. Y cuando llega la horda de turistas, lo único que les importa, en lugar de disfrutar de las playas y la naturaleza, es ver el show. Tal es así que conscientemente ignoran los carteles, abren sus carteras (porque la mayoría de los que incurren en esta actitud son señoras de aproximadamente 50 años) y sacan una banana (que claramente ya traían con esa intención) y sin ningún tapujo se la ofrecen a los monos. Claro, después se dan situaciones en la que los monos se violentan cuando alguien le niega un pedazo de comida. Esto no es natural. No les hace bien a estos animales. Es algo que no debería suceder y mucho menos dentro de un parque nacional. Nos vamos del parque cuando comienza a llover otra vez, mojados y muy indignados. Menos mal que este es un paraíso natural.

Esta historia continuará…

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Ciudad Quesada, Costa Rica
24 de julio de 2010

jueves, 28 de octubre de 2010

Odisea fronteriza

Hoy nos enfrentamos al paso fronterizo más transitado del mundo. Todo el mundo decía que era fácil y bastante rápido, especialmente si cruzás a pie, pero nos engañaron vilmente. ¡Hasta el sitio oficial de la delegación US Customs and Border Protection miente!

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Según ellos, en este mismito momento la espera es de 35 minutos. ¡Mentira!!! Eso será desde que cruzás la reja pero se olvidan de la hora y media de cola que tenés que hacer afuera. ¡¡¡You liers!!!

 

 

Llegamos a Tijuana alrededor de las 12.30pm y ya desde el vamos supimos que no iba a ser sencillo. Nadie tenía la más puta idea de adónde teníamos que ir para que nos pusieran el sellito de salida de México. Cruzamos un puente, preguntamos y volvimos a preguntar. Abajo se veía una interminable cola de autos de 10 carriles de ancho. Nos mandaron por un lugar donde hay un cartel bien grandote que reza "Prohíbido el paso", pasamos y bien al final de una hilera de oficinas, encontramos la de Migraciones Mexicana. Muy amables los señores, nos sellaron los pasaportes, retuvieron nuestras tarjetas de turista y amablemente nos sugirieron que volviéramos a cruzar el puente y nos mandáramos de una hacia el puesto yanqui. Sin embargo, la impecable moral de JP nos impidió colarnos y nos fuimos al final de la cola. ¡Deberíamos haber escuchado el consejo de los señores!!!

La cola era interminable, a pleno rayo del sol. Las veredas todas roñosas y, por supuesto, sin un puto lugar donde sentarse o apoyar la mochila. Parecíamos vacas en el matadero. A tal punto, que yo ya ansiaba con todo mi corazón que llegara el palazo y terminara con mi agonía. Después de casi 2 horas con la mochila al hombro, se me caían las lágrimas del dolor.

P1110546Finalmente, la reja y pisamos suelo americano. Preguntamos donde conseguir nuestros formularios de turista (esos que siempre te dan en el avión para que completes cuando estás por aterrizar). Nos mandan a que sigamos la cola que hace todo el mundo. Preguntamos 2 veces más y todos coinciden. Un oficial en la puerta del edificio donde se hacen los trámites nos mira el pasaporte y nos dice que sigamos al malón. Veinte minutos más y es nuestro turno. Nos presentamos ante el oficial de migraciones (mexicano, obvio) con nuestra mejor sonrisa y nuestros pasaportes en mano.

And your I-94? Where is it? (¿Dónde está su formulario I-94?)

Ah… el formulario. Me cacho en diez. Señor, preguntamos como 3 veces por el formulario y todos nos mandaron para acá. No, no, lo deberían haber retirado en el otro edificio cuando ingresaron. Bueno, no se preocupen, vayan a buscarlo y después se regresan por acá directo así no tienen que hacer la cola de vuelta.

Ahí va JP en busca del bendito papelucho que tan esquivo nos era. Mientras, el lugar se llena de mexicanos que quieren cruzar. La mayoría, como viven en la zona fronteriza, simplemente presentan una identificación y pasan sin más trámite a menos que vayan más allá de San Diego. En 10 minutos lo veo regresar corriendo. Resulta que, en realidad, teníamos que ir los dos en persona porque el trámite se realizaba allá. ¿Pero qué le pasa a esta gente? No pueden ser claros???

Vamos con nuestras mochilotas y la escasa paciencia que nos queda. Llegamos y el señor nos atiende de mala cara  (¿yo que culpa tengo de que no haya nada señalizado para los que somos turistas y que el personal que allí trabaja no sepa lo que hace o lo que dice????)  y empieza con sus preguntas de rutina: que adónde van, dónde se van a alojar, cuánto tiempo se van a quedar, etc. Señor, queremos quedarnos 60 días. Vamos a San Diego, luego a Los Ángeles, Las Vegas... Esta es nuestra dirección. No, pero no me sirve la de San Diego, tiene que ser de otro lugar más lejano. Pero no la tengo aún, solo tengo la de los primeros días. No sé si por pena o qué finalmente el hombre nos cargó vaya a saber qué dirección en el sistema, nos dio nuestros benditos formularios/permisos y nos selló los pasaportes. ¡180 días! Al cabo, para qué preguntan cuánto se va a a quedar uno si después te dan el máximo posible! Después tuvimos que desembolsar USD 6 por cada papelito y regresar al otro edificio donde habíamos estado antes. Pasamos por el carril izquierdo tal como nos habían indicado, directo hasta la caseta, pero allí había un hombre que estaba intentando cruzar la frontera con una botella de tequila y como 12 cartones de Marlboro y parece que había algún inconveniente. ¡Otra vez a esperar! Siempre que vengo a USA parece que caigo en la caseta que tiene más demora o en la que hay problemas. Por fin, el de migraciones lo deja pasar al hombre y ahí vamos nosotros otra vez, con nuestros pasaportes, nuestros permisos, nuestras sonrisas y ya sin paciencia alguna. Y Keller arremete otra vez con el mismo cliché de siempre (adónde van, cuánto tiempo, a qué se dedican, algo que declarar) y pasa por tercera vez los pasaportes por el sistema.  De tanto pasarlos se van a gastar. Además, para qué si ya tenemos sellada la entrada??? Inentendible. Por último, las mochilas al escáner y queda sorteado el último obstáculo.

Patético. Tres putas horas para cruzar una frontera. En ningún lugar de Latinoamérica tardamos tanto. Si nos tomábamos un vuelo de Ensenada a San Diego no hubiéramos tardado ni una hora con trámites y todo. ¡Nunca más!

Saludos a todos desde el camino,

Marie
San Ysidro, California, USA
27 de octubre de 2010

PD: Escribo este post desde el McDonalds que está no bien cruzás la línea (como le dicen acá a la frontera) mientras suena Cerati en la radio! A propósito, todavía no encontramos a nadie que hable inglés!!!