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viernes, 5 de noviembre de 2010

Pasados por agua: ¡Bienvenidos a Costa Rica!

Parte 1: Las playas

CR02_00159Costa Rica, o Cossta Rriica (así es como los ticos se refieren a su país, como si se tratara de un angloparlante con dificultad para pronunciar las T fuerte y las R), más que un país centroamericano parece un estado con aspiraciones de convertirse en el 51° estado de la unión (ah, no, esperen, el 51° es Puerto Rico, entonces el 52°).

Las inversiones de los yanquis más la intervención indirecta a través de los contras han ejercido sobre la pequeña nación una fuerte presión en los últimos 30 años.  A tal punto llegan las cosas que, a pesar de tener su propia moneda, el colón, la mayoría de las transacciones se manejan en dólares estadounidenses. Es más, los precios de las cosas están directamente en dólares.

CR02_00118Entrar a un Parque Nacional cuesta 10 dolaritos (ni se te ocurra querer pagar en moneda local) y las cosas en el supermercado están más caras que en Estados Unidos y Europa, según dan fe estadounidenses y europeos por igual. Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que lleva a un país con una educación y salud supuestamente modelo en Centroamérica a esta situación absurda? Hasta donde sé, Costa Rica es el único país del mundo que no tiene ejército, al menos no propio (las mala lenguas dicen por ahí que, de necesitarlo, el ejército yanqui los defendería para proteger todos los intereses estadounidenses que hay allí). Lamentablemente, es un misterio que no pudimos dilucidad en nuestra breve estancia de dos semanas. Llegamos con muchas expectativas y muchas ganas por toda la publicidad que tiene como destino turístico pero los precios y la dificultad para trasladarse de un lugar a otro impidieron que pudiéramos pasar mucho tiempo aquí.

CR01_00024 Por los conflictos que se estaban suscitando en la frontera panameña-costarricense en el Caribe, tuvimos que cambiar nuestros planes y cruzar por el Pacífico. La frontera está bastante fea y desorganizada, casi que no tiene nada que envidiarle al cruce La Quiaca – Villazón. Adelante nos esperaban las localidades costeras de Uvita, Quepos y Manuel Antonio. Las dos primeras, son pueblos relativamente pequeños y sin encanto alguno más que sus playas de olas salvajes, ideales para el surf. Manuel Antonio, en cambio, bien podría tratarse de un exclusivo barrio de Los Ángeles, con sus resorts y desarrollos inmobiliarios de mega lujo (después, cuando lleguemos a LA les confirmamos si nuestra apreciación es correcta). Cualquier actividad que uno quiera realizar acá, al margen de la mera contemplación, implica dejar un ojo de la cara. El único motivo para venir aquí es el Parque Nacional homónimo, el más famoso de Costa Rica, por sus bellas playas encerradas en impresionantes bahías, sus aguas verdes y sus monos chorros. Podría creerse que rodeados de semejante belleza la pasamos espectacular pero nada más alejado de la realidad. Desde el primer día que llegamos, descubrimos que tristemente habíamos venido en la temporada equivocada. Todos los días, religiosamente, el cielo se cubría de nubes pasado el mediodía y alrededor de las 3 de la tarde comenzaba con su descarga torrencial hasta bien entrada la noche.

CR02_00102 La única excepción fue el día que fuimos al parque Manuel Antonio. En esa ocasión, empezó a diluviar a las 8 de la mañana y no paró hasta la noche, con excepción de dos horas al mediodía. Como el aguacero arreciaba, buscamos refugio donde pudimos ya que,  a pesar de lo comercializado que está el parque, no hay mucho donde guarecerse. Pasamos más de dos horas apiñados abajo de un toldo junto a otras 20 personas. Finalmente la lluvia comenzó a ceder y la fauna del lugar hizo su aparición. Los primeros en acercarse fueron unos mapaches caraduras que querían robarse la comida que teníamos en las mochilas. Después les siguieron los monos, los primeros más tímidos y los que les seguían, ya sin pudor, se acercaban por las ramas hasta donde estaba la gente y, en un momento de distracción, se hacían con unas galletas o sandwiches.

CR02_00145 Si  bien puede pensarse que este es un espectáculo digno de ver a nosotros es algo que nos entristece mucho. La dieta de estos animales consiste de frutos y semillas. No deberían estar comiendo comida humana y mucho menos estar esperando a que lleguen los turistas para obtener su alimento. Claro, como dice el refrán “la culpa no es del chancho (en este caso, el mono) sino del que le da de comer”. El lugar está lleno de carteles que indican que no se debe alimentar a los animales, sin embargo, no hay ningún guardaparques presente para asegurarse de que se cumpla. Y cuando llega la horda de turistas, lo único que les importa, en lugar de disfrutar de las playas y la naturaleza, es ver el show. Tal es así que conscientemente ignoran los carteles, abren sus carteras (porque la mayoría de los que incurren en esta actitud son señoras de aproximadamente 50 años) y sacan una banana (que claramente ya traían con esa intención) y sin ningún tapujo se la ofrecen a los monos. Claro, después se dan situaciones en la que los monos se violentan cuando alguien le niega un pedazo de comida. Esto no es natural. No les hace bien a estos animales. Es algo que no debería suceder y mucho menos dentro de un parque nacional. Nos vamos del parque cuando comienza a llover otra vez, mojados y muy indignados. Menos mal que este es un paraíso natural.

Esta historia continuará…

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Ciudad Quesada, Costa Rica
24 de julio de 2010