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domingo, 11 de julio de 2010

Una catedral no apta para hipertensos y claustrofóbicos

CO09-00517 A tiro de piedra de Bogotá y engarzado entre verdes colinas en las que se desarrolla una incipiente actividad agrícola está el pintoresco pueblito de Zipaquirá. Aquí, se encuentra uno de los sitios más surreales de toda Sudamérica, y además, como muchos lugares de Colombia, goza de muy poca difusión: una catedral construida íntegramente en sal, unos cuantos metros bajo tierra dentro de una mina abandonada. ¡Guau! Solo detenerse a pensar en semejante idea suena alocado, y además, probaría ser uno de esos lugares privilegiados en los que la imaginación es ampliamente arrasada por la realidad. Es cierto que en Latinoamérica podemos encontrar miles de iglesias de todo tipo y color pero… ¡encontrar una dentro de una mina de sal! Esto sí que suena raro. ¡Claro, además teniendo la catedral adentro de la mina se ahorran los problemas de lluvia!

Luego de deambular un poco por el pueblo buscando el lugar exacto, y a pesar de que unas cuantas parrillas que ofrecían carne se interpusieron en nuestro camino y casi frustran nuestra misión, llegamos. Los corderitos y terneros (aquí les dicen mamonas) al asador tienen muy buena pinta y, especialmente, aroma. Pero vayamos a lo nuestro sin divagarnos en añoranzas gastronómicas.

CO09-00457 Así como en Bolivia los mineros veneran a la virgen del socavón, aquí hace casi 60 años, a alguien le llamó la atención el fervor con el que los trabajadores invocaban a la virgen para que los protegiera de accidentes. Ellos, le habían construido una humilde capilla dentro de la mina, adonde todos los días le llevaban ofrendas y le regalaban rezos previo a la faena. Después de un tiempo, nuestro amigo Flanders colombiano (Luis Ángel Arango) convenció a todo el pueblo y a unos cuantos miembros acaudalados e influyentes de la sociedad sobre la conveniencia de realizarle algunas pequeñas ampliaciones a esta capilla. Con los años, esas pequeñas anexiones fueron moldeando enormes espacios vacíos dentro de sectores ya fuera de uso de la mina, pero adyacentes a otros que sí siguen en funcionamiento.

CO09-00470 Así, de a poco, la particular construcción comenzó a cobrar renombre cada vez más lejos del pueblo, y mucha gente acudió, no solo a visitar a la virgen de los mineros, sino también para apreciar la extraña maravilla arquitectónica que se estaba gestando. Lamentablemente, resultó ser que para construir la catedral original no se siguieron ciertos patrones de seguridad y, eventualmente (y debido a la gran cantidad de visitantes), algunas secciones comenzaron a sufrir derrumbes. Finalmente, a principios de los ‘90 el gobierno municipal temiendo alguna tragedia decidió clausurar definitivamente la catedral, ahora sí un sitio turístico por excelencia, y llamar a concurso para realizar en su lugar una aún más imponente.

Esta sí, la actual, es enorme y dada la gran cantidad de pasadizos sólo puede visitarse con guía, no sea cosa que rezando unos rosarios uno se pierda y lo tengan que ir a buscar con defensa civil. Hay tantos recovecos que supongo que uno terminaría rezando para que lo encuentren. ¡Cuack! Al comenzar se recorren unos cuantos metros por una galería principal que va internándose hacia las profundidades de la mina. Luego de 10 minutos, a ambos costados de la galería pueden apreciarse excelentemente logradas estaciones del vía crucis, todas ambientadas con llamativos juegos de luces.

CO09-00485Después de atravesar todas las estaciones se llega a una especie de balcón que hace de atalaya sobre la nave central de la catedral: una bóveda enorme, probablemente de 250 metros de largo por 25 de alto y unos 20 de ancho, flanqueada por solidas columnas a ambos lados. La atmósfera es sobrecogedora y bizarra. Este lugar sí es realmente extraño. Entonces la Catedral no es simplemente una catedral como las que estamos acostumbrados a ver sino, más bien, un conjunto de espacios interconectados por galerías a más de 60 metros por debajo de la superficie. Como sucede siempre que uno está bajo tantos metros de tierra, es inevitable pensar brevemente qué sucedería si hubiera un terremoto. Al menos aquí estamos a la buena de dios. ¡Cuack! ¡Cuack!

CO09-00489 Bajamos al nivel inferior y apreciamos también unas capillas laterales preciosas. El altar y, especialmente, la sacristía hasta pudieran ser el set de una nave espacial en una película de Bela Lugosi. Finalmente saliendo por un costadito de la nave central está la avanzada capitalista: un cine 3D (que también sirve como salón de conferencias), un vende chucherías, un vende esmeraldas, y un café. Nos pedimos el cortadito más barato pensando en que probablemente sea el que más lejos de la superficie de la tierra hayamos tomado. Sólo nos queda tomar café en un submarino. ¡Qué privilegio! Para completar el cuadro, unos metros más allá hay un estanque de unos pocos centímetros de profundidad cuyas aguas, debido a las particulares características del fondo, se convierten en un espejo perfecto. Subimos de vuelta a la superficie y recorremos los meandrosos senderos mientras nuestros ojos se acostumbran nuevamente a la luz diurna teniendo la certeza de que es uno de los lugares más extraños que hemos visitado.

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viernes, 9 de julio de 2010

El mejor lugar para romper anteojos

En uno de los posts anteriores contábamos que nuestra incursión por la paisa Medellín había terminado con un intento de baile de salsa y un par de anteojos rotos. ¡Eran los míos! Por suerte, vamos rumbo a Bogotá y presiento que allí no será tan difícil conseguir anteojos como en Bolivia. Al menos, todavía los puedo usar rústicamente; son orgánicos por lo que los cristales no estallaron, sino que se rajaron de punta a punta del armazón. Otro punto a favor es que, además, también tengo a mano la graduación; cuando se les rompieron a Mariela en Bolivia, Leda, nuestra optometrista, nos envió un correo con todos los datos.

Caminando por Bogotá y buscando una óptica, no encontramos una, sino cientos! Realmente en ningún lugar vi tantos, pero tantos locales de anteojos juntos. Son tantos que incluso tienen en la calle vendedores que al ver a alguien relojeando las vidrieras o en busca de algo se le acercan y lo intentan convencer con descuentos y promociones.

Algunos miran los cristales rotos y me dicen que es policarbonato, otros que es CR-39. Hay miles de opciones y presupuestos. ¡Qué despelote! Aquí la competencia es efectiva. Esto es el mercado perfecto de los anteojos y los precios son realmente baratos, a pesar de que Colombia es un país caro en general. Caminamos, caminamos y finalmente llegamos al lugar que más nos convence, una óptica pequeña, dentro de una galería. Nos cotizan $80.000 por los cristales y también un nuevo armazón de esos que se doblan para todos lados (el anterior venía pidiendo pista hacía bastante). ¡Por 160 mangos me puedo hacer los mismos anteojos que en Buenos Aires me costaron más de 450! No es tan grave entonces que se hayan roto aquí. Es más, después de mucho pensarlo, pensarlo y repensarlo, decido hacerlos con esos cristales Transitions que se ponen más negritos de acuerdo a cuánto sol hay. ¡Qué cheto! ¡En Buenos esto sería efectivamente un bien de lujo! Después de un tiempo de usarlos, la verdad es que son muy útiles.

Mientras esperamos que salga la persona que está delante nuestro para chequear la medición visual, le digo a Mariela: “Che, ya que estamos acá, ¿por qué no hacés ajustar el armazón de los tuyos que está un poco torcido?”. El hombre, con mucho gusto los ajusta, ahora sí quedaron bien. ¡Pará! ¡Pará! ¿Qué es esa rayita? Crack, crack, ¡¡crack!! ¿Y ahora? ¡Otro par más de anteojos para rehacer! ¡¡¡Nooo!!!

Resulta que los anteojos hechos en Bolivia no eran de policarbonato, sino de vidrio común y corriente. ¡Cómo nos engatusaron! Claro, al apretar un poco la montura, no soportó la presión y se resquebrajó. No solo eso, sino que un chequeo posterior demostraría que le faltaban como 1,5 dioptrías en cada ojo para tener la graduación adecuada. El óptico nos confiaría que simplemente los hicieron con menor graduación porque es virtualmente imposible tallar vidrio con tanto aumento sin que sea obvio el engaño. ¡Qué turros! Con razón Mariela me decía que le parecía que con esos anteojos veía menos. Ya creíamos que le había aumentado la miopía y todo. :-(

CO12-00769 El buen hombre, al ver nuestras caras de decepción, decidió hacer de tripas corazón y, en una jugada sin precedentes, decide regalarnos gratis el juego de cristales que se rompieron, ahora sí en policarbonato y con la graduación adecuada. Mientras se hacían los anteojos nos fuimos a caminar por Bogotá como dos cieguitos. ¡Nos faltaba el bastoncito!

Un par de horas más tarde fuimos a buscar los nuevos anteojos y son todo un éxito. Mariela está fascinada, ¡ahora con la graduación correcta ve bien! Y yo no tengo que ponerme lentes de contacto para usar los anteojos de sol. En agradecimiento, decidimos retribuirle al buen hombre y a su ayudante con una rica botella de vino malbec argentino y una caja de bombones. ¡No quiero imaginar qué hubiera sucedido si esto nos ocurría en Bolivia!

 

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miércoles, 7 de julio de 2010

La capital de Rodrigombia

Si no entienden el título, entonces es porque todavía no han visto/escuchado la Cantata del adelantado don Rodrigo Díaz de Carrera de Les Luthiers. Son solo 20 minutos, y créanme, no se van a arrepentir. ¿Están en el trabajo y no pueden abrir youtube? No se preocupen, no faltarán 5 minutos de relax para reírse con esta obra maestra.

CO08-00394 La cuestión es que estamos aquí, en Bogotá, otra capital más de esta Latinoamérica que vamos recorriendo. Y aquí también hay mucho que ver, muchas cosas interesantes, excepto el clima, que continúa abúlico, aburrido, gris y lluvioso. Pero al mal clima, buena cara! Y además, buena compañía, Andrea, Diego y su hijo Tomás, a quienes contactamos por couchsurfing nos hicieron un lugarcito y nos recibieron a pesar de estar ajetreados. ¡Gracias chicos! Hasta nos invitaron con una fondue de chocolate el día que llegamos. ¡Así da gusto viajar! Por nuestra parte, hicimos unas piezas de pollo con salsa de champiñones que parece gustaron bastante.

CO08-00316 Lejos, lo más impactante de Santa Fe de Bogotá, y una razón en sí misma para visitar esta ciudad es el Museo del Oro. Creo, sin temor a equivocarme, que es el museo que mayor cantidad de piezas de este tipo tiene en todo el mundo. Seria el sueño de los conquistadores y el infame Pizarro se podría atragantar con tanto oro que hay por doquier. Hay salas y salas y salas con piezas que van desde  las pequeñas hasta las bien grandes, todas en oro puro y macizo. ¡Zas! De repente se cortó la luz, y volvió al ratito. ¿Alguien se habrá llevado algo? Eventualmente nos cansamos de ver tanto oro y nos reconfortamos en el restaurante que está en planta baja. Después de tantos de días de comer picoteado, no nos viene nada mal un mimo al estómago. Seguimos descubriendo que la carne es bastante buena aquí en Colombia.

También visitamos bajo la lluvia el otro gran museo de Botero que hay en Colombia. Eventualmente los cuidadores nos terminaron recomendando los mejores ángulos para sacar las fotos y Andreína, una guía súper chévere nos contó muchísimas cosas interesantes de las pinturas de Botero. También nos confió que le encantaría salir a recorrer como lo estamos haciendo nosotros, pero que no se anima. ¡Ánimo entonces!

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La plaza Bolívar es imponente, enorme, llena de palomas y rodeada de edificios hermosos, aunque cada uno de estilo diferente. Por un lado está la catedral bogotana (no la pudimos visitar por estar en refacción), por el otro el reconstruido palacio de justicia (a la izquierda de la pano), de frente el parlamento y a la derecha la alcaldía de la ciudad en estilo francés. Caminando por ahí una tarde de domingo nos encontramos con muchísima gente y banderitas verdes. Era el acto de cierre de campaña de Mockus. ¿Se imaginan a alguien haciendo un cierre de campaña en la plaza de Mayo?

CO08-00412Por precaución y para evitar cualquier tipo de incidente, toda la zona está completamente inundada de policías y militares con modernísimas, horribles y gigantes ametralladoras dignas de Terminator II. Algunas incluso dicen bien clarito en letras blancas y grandes US. ¿Vendrá incluido esto también en el pack del plan Colombia? Incluso notamos con cierta intranquilidad que quienes portan fusiles, siempre, siempre tienen el dedo en el gatillo. Alguien nos contaría luego que es una técnica inventada por el ejército israelí llamada “tiro de vida” y consiste en que la primera bala sea de fogueo, manteniendo el arma sin seguro y con el dedo siempre en el gatillo. De esta forma, ante cualquier alarma se comienza a disparar, primero la bala de fogueo y luego ya si, con las de verdad. ¿Pintoresco, no? Para acceder al centro de la plaza, hay que mostrar los bolsos y someterse a un cacheo como el que se hace en los recitales.CO08-00408

Un par de días después volveríamos a la plaza y la encontraríamos también cerrada, dado que se encontraba visitando el país el presidente de Honduras. De todas maneras, con nuestra cara de angelitos y un par de ayuditas logramos pasar un par de controles e ingresar a la zona restringida, por detrás del palacio Nariño, que es la residencia del ejecutivo. Incluso si hubiéramos sabido con anticipación, podríamos haber solicitado formalmente una visita guidada. El palacio tiene una arquitectura imponente, bien francés, y me animo a decir que por lejos es la residencia del ejecutivo más bonita de todos los países que conocimos.

Para terminar nuestra jornada capitalina volvemos caminando hacia la avenida Jiménez y nos entrecruzamos con los vendedores callejeros de esmeraldas. Llegaron a ofrecernos como quien no quiere la cosa una piedrita verde envuelta en papel de cuaderno la que alegaban costaba alrededor de ¡US$ 100!. Nunca voy a entender como alguien pudiera pagar tanta plata por una piedrita diminuta y además, les soy sincero, a mi no me parecía más que una piedrita de morondanga pintada de verde. No se cómo será el tema, pero me vino a la mente la película Diamante de Sangre que vimos en Medellín.

Bogotá es una metrópolis vibrante, interesante, que invita a ser recorrida. En cierto sentido Bogotá me resulta familiar, cercana, y es que a fin de cuentas de las ciudades que hemos recorrido la que más se asemeja a a la reina del plata, aunque claro, las callecitas de Buenos Aires tienen ese no se qué, ¿viste? Lo bueno es que aquí si uno se cansa de caminar por las callecitas siempre se tiene un café Juan Valdéz a mano. Ah, también pueden comer hormigas culonas fritas, otra delicia santafereña.

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