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jueves, 6 de mayo de 2010

Para que Macri tenga en cuenta…

Lima es una ciudad grande, bien bien grande. Y Lima también tiene muchas villas o “barrios jóvenes” como eufemísticamente le dicen aquí. Mucha, muchísima gente contribuyó a acrecentar la población de la ciudad durante los ochentas al bajar de la sierra escapando del salvaje accionar de Sendero Luminoso. Absolutamente todo el mundo con el que hablamos tiene un recuerdo pésimo de esa etapa del país, me dicen fue como Colombia: “Todos los días moría gente, campesinos especialmente”. Fueron 60 o 70 mil. Zonas como Junín, Huancavelica o Ayacucho, eran directamente impenetrables para extranjeros. Fueron los días bien negros del país, y también de Lima.

IMG_5888 Panorama Pero hoy, casi 20 años después, un primer vistazo de Lima podría resumirse con una sola palabra: recuperación. Y es que como bien decíamos antes, la capital del Perú, la ciudad de los reyes, supo ser un sitio peligroso, bien peligroso. No es que hoy no lo sea, pero grandes zonas de la ciudad han y siguen siendo de a poco recuperadas. Obras de infraestructura y mejoramiento se ven por doquier, incluso la más novedosa, un largo sueño metropolitano, el trolebús se inaugurará en unos pocos meses. El centro histórico también de a poco va dejando la oscuridad y recuperando su esplendor.

Entonces, uno se pregunta cómo se llega a este estado de cosas y rápidamente surge el nombre del Alcalde, un tal Luis Castañeda Lossio que gobierna la ciudad hace ya casi 9 años. Aparentemente este buen hombre hace 2 cosas bien, obras y publicidad, demasiada publicidad de sus obras, y entonces a uno le agarra la duda… ¿Será verdad? o ¿serán obras fantasma? Una rápida encuesta en la Plaza Mayor parece darle un alto porcentaje de aprobación (http://www.rpp.com.pe/2010-04-30-el-79-5-de-limenos-aprueba-la-gestion-de-luis-castaneda-noticia-op_261326_7.html). Y alguien nos recomienda que vayamos a disfrutar de otra gran obra, el parque de fuentes danzantes.

IMG_6239 Hacia allí vamos, y realmente el parque es muy pero muy bonito, tiene fuentes de todos los tamaños, gustos y colores. Excelentemente cuidado, bien organizado, bien iluminado, con gente por todos lados disfrutando. Debe haber costado mucho dinero pienso, muchísimo, y quizá había otras necesidades más básicas. Sin embargo, la gente está disfrutando y no podría aseverar tampoco cuál es el flujo de caja, quizá hasta produzca ganancia, no lo se.

Para cerrar vamos a ver el show de las aguas, y como no podía ser de otra manera, termina con el slogan del señor reflejado en la columna de agua. Demasiado bizarro y proselitista para mi gusto.

Sin embargo, y a pesar de todo Lima parece cada día estar un poco más linda. Y probablemente Lossio sea el próximo presidente peruano, a menos que el pueblo decida que Keiko, la hija del ex presidente (actualmente en la cárcel) Alberto Fujimori está mejor preparada. Personalmente, lo dudo.

jueves, 29 de abril de 2010

Cine a bordo



Cuando un cinéfilo está viajando por tanto tiempo y no tiene acceso a la televisión, realmente espera ansioso el momento de tomarse un bus albergando secretamente la esperanza de disfrutar de una buena película. Nada más alejado de la realidad.

En lo que va de nuestro viaje, hemos tomado aproximadamente unos 30 buses y visto una cantidad más que considerable de películas. Lamentablemente, la mayoría de ellas, pésimas. Desde una de Cantinflas, hasta Barrio 13 de Luc Besson, pasando por una de Jackie Chan hablada en chino, otra de unos niños cantores del Brasil y una coproducción peruano-estadounidense de los ‘70 sobre cosas raras que suceden en Iquitos, la selección de películas ha sido insufrible.

Las excepciones son contadas: Indiana Jones y la Calavera de Cristal, El Gran Truco, El Tesoro del Amazonas (The Rundown) y la comedia romántica a bordo del eterno viaje en tren de Tupiza a Uyuni (menos mal que al menos tenían buenas películas para sobrellevar la espera).

Yo creía que había presenciado el colmo del cinismo cuando hace más de 10 años, en un bus que atravesaba la cordillera de los Andes, desde Mendoza a Viña del Mar, el chofer no tuvo mejor idea que poner “Viven”. Inmediatamente todos los pasajeros comenzaron a inquietarse y, por suerte, luego de una charla esclarecedora, el chofer entendió la delicadeza de la situación y cambió a una comedia.

Pues bien, en este viaje, el cinismo de aquel chofer fue ampliamente superado por algún ayudante o “terramozo” que no tuvo mejor idea que poner una película llamada “Tráfico de mujeres”, golpe bajo si los hay. Como mujer que está viajando por Latinoamérica esta película te deja bastante intranquila. Otro golpe bajísimo resultó ser una película cristiana, supuestamente pensada con el propósito de evangelizar, que contaba la historia de un matrimonio que empezaba a alejarse de Dios. Él engañaba y golpeaba a la mujer hasta que un día ella se cansa y se separa y, mientras ambos padres incrementan su odio recíproco y se preocupan por cómo cagar al otro en el juicio de divorcio, su hijo muy afectado tiene un accidente y muere.

Hoy en día, donde es tan fácil y tan barato acceder a todo tipo de películas, cuesta entender porqué estos señores eligen “entretener” a sus pasajeros con bodrios de terror como The mountain has eyes II” o una peli recontra vista como “Un paseo en las nubes”. ¿Tanto cuesta elegir una comedia ligera o una de suspenso? Nadie pide un estreno o una ganadora del Oscar pero por lo menos algo que resulte llevadero y que no te deje con un nudo en el estómago.


Dada esta continuada serie de fiascos cinematográficos, enfilamos para el cine con la intención de ver la última de Mel Gibson (Al filo de la oscuridad). Así nos encaminamos hacia el Larcomar, un centro comercial enclavado en medio del barranco frente al océano en el pituco barrio Miraflores (de lo mejorcito de Lima). Como la peli ya no estaba en cartelera, nos decidimos por la ganadora del Oscar a la Mejor Película: Zona de Miedo (The Hurt Locker). La peli, si bien es entretenida y está muy bien llevada, resultó un fiasco. Una reafirmación del patriotismo estadounidense que poco tiene que ver con nosotros.

Pero lo interesante fue la experiencia de una salida típica local:
- Descubrir que acá están todas las mismas cadenas que en Argentina: Cinemark, Village y Hoytts y que no se trata de una salida de lujo como en Buenos Aires (acá la entrada cuesta 9 soles, algo así como unos 12 pesos argentinos, mientras que allá, cuando nos fuimos, la entrada ya rondaba los 25 pesos en el Abasto. ¡Si tan solo ir al cine en Buenos Aires fuera tan accesible!).
- Comprar la entrada en una boletería que parecía más un banco que un cine y que la entrada sea el ticket de compra (por ende, si compras 3, 5 o 10 entradas, igual te dan un solo ticket. Qué complicado debe ser cuando uno del grupo tiene que ir al baño. ¡Imagínense estar pasándose el ticket en medio de la película!).
- Llegar puntualmente a la sala y notar que la función no empieza en horario.
- Mirar los avances de 3 películas de terror (lo que denota tanto el género como la calidad) con todas las luces encendidas (aquí no hay propagandas ni chocolateros).
- Disfrutar de una calidad de audio e imagen precaria, que nos recuerda a la que había en las salas de Argentina, al menos en Buenos Aires, unos 10 años atrás, quizás un poquito más también.
- Ver la película en una pantalla que no se hace WideScreen y con comentarios (y gritos) permanentes de los demás espectadores.
- Que te prendan las luces cuando aún no aparecieron los créditos de la película.

En el camino de regreso al hostel nos prometemos conseguir algunas buenas pelis para tener en la compu en caso de extrema necesidad.

Saludos a todos desde el camino,

Marie
Lima, Perú
30 de marzo de 2010