martes, 2 de marzo de 2010

Dragón Tupiceño

Locoto: Dícese del fruto tipo ají más pequeño pero más picante, mucho más picante.

Con esto en mente, a la hora de ordenar la cena en el restaurante El Álamo (pique macho), explícitamente la pedimos sin locoto. Así que cuando llegó, le entramos con confianza. Imagínense la sorpresa al ingerir un bocado y sentir que mi boca comenzaba a incendiarse. Inmediatamente me convertí en un dragón y, aunque retiré el pedacito del infame locoto de mi boca, el ardor no cedía. Los del restaurant trajeron azúcar para calmar la sensación pero aun así toda mi boca estaba en llamas. Seguí echando fuego durante al menos 10 minutos ante la mirada de JP que se reía y yo que podía sentir el ardor hasta en mis neuronas. Espero no ser víctima de semejantes errores en el futuro. Dudo de que mi sistema nervioso pueda resistir otra experiencia así de picante. :)
Saludos a todos desde el camino,
Marie
Tupiza, Potosí, Bolivia
19 de febrero de 2010

lunes, 22 de febrero de 2010

Primeras impresiones de Bolivia

Con el cruce de la frontera toca cambiar de cronista oficial. Al fin puedo escribir!!!!
Entonces permítanme decirles que estoy muy sorprendida. Para ser sincera, tenía mis serias dudas respecto de Bolivia, quizás a causa de los estereotipos.
Sin embargo, si bien solo llevamos en Bolivia unas pocas horas, he de decir que estaba equivocada. Salvo por el desorden y la desorganización del cruce fronterizo La Quiaca-Villazón, todo lo demás ha sido destacable: la puntualidad del tren, la amabilidad y el respeto de la gente y, por sobre todo, los bellísimos paisajes.
Algo que nos llamó muchísimo la atención fue la cantidad de gente (muchísima) que cruza la frontera sin hacer los trámites migratorios. Se supone que la mayoría son locales o gente que cruza por un rato a hacer turismo o comerciantes que llevan al hombro (a la espalda sería más preciso en realidad) montañas de bultos. De no ser por tratarse de un paso fronterizo, les hubiera sacado alguna foto para que puedan darse una idea del peso que carga esta gente. Imaginénse que caminan casi al trote con 4 cajones de cerveza a la espalda. Es un hormigueo incesante. Dado el escaso / nulo control, no sorprenden entonces los precios de la mercadería que uno encuentra apenas cruzado el límite.
Una vez sorteado el trámite migratorio, comenzamos a andar por las calles de Villazón. En realidad, por la calle principal de Villazón, Avenida República Argentina, siempre, hacia arriba. Sí, lo que dicen del olor aquí es cierto pero pasadas unas cuadras ya no se siente más. :)
Resultó que la estación de trenes estaba más lejos de lo que creíamos así que llegamos más muertos que vivos. Por suerte conseguimos pasaje para el tren que salía la misma tarde así que finalmente pudimos sentarnos a descansar (¿no habrán creído que descansamos en el bus de Humahuaca a La Quiaca??? NO!!! A pesar de tener pasaje con asiento asignado, resulta que los señores de El Panamericano sobrevenden el tramo y uno tiene que viajar aprox. 200km (más de 2 horas y media) parado o sentado como puede en el pasillo!!! Yo tenía entendido que eso era peligroso pero parece que a la CNRT ni a Gendarmería les importa. En fin.)
Puntualmente despachamos el equipaje y, luego de jugar un poco con algunos niños locales (todo lo que teníamos les llamaba la atención desde mi llavero-mascota y broche de pelo hasta la cámara de fotos, por supuesto) abordamos el tren. El viaje fue muy bueno. Lo único es que algunas de las ventanillas no abrían (a pesar de ser el vagón ejecutivo, aquí no hay aire acondicionado) y los dos ventiladores de juguete no servían para mucho y que la mitad de los asientos van mirando hacia atrás. Me explico mejor: el vagón está dividido en dos, separados por las puertas y los baños. En consecuencia, los asientos del 1 al 28 miran hacia atrás mientras que los del 29 al no se cuanto miran al frente. Todavía no entiendo por qué. ¿Alguien sabe si es una característica de Fiat o algo local de acá???
En las 3 horas que duró el viaje (sí, es un poco lento para tan pocos km pero es por lejos la mejor opción) no dejé de maravillarme con el paisaje. Éste cambió constantemente de puna a quebrada a mesetas a ríos a formaciones rocosas extravagantes, etc. En esos momentos uno desea poder recorrerlos libremente sin estar atado a los rieles.
Al llegar a Tupiza, nuestro primer destino boliviano, la estación rebosaba de gente, cada uno con sus bártulos varios. Al salir, se nos aproximaron varias "promotoras de hospedaje" pero siempre muy respetuosas y amables al decirles que uno iba a ir a ver otros hostels. De todas formas, la búsqueda fue corta, por suerte. El primero que vimos nos pareció tranquilo, limpio y cómodo así que nos instalamos. Igual no tuvimos mucho tiempo para relajarnos pues aquí la gente cena muy temprano por lo que allí fuimos en búsqueda de un lugar para cenar luego de la parada de rigor en el cyber (no saben qué tortura!!!!!!!!!!! Mi conexión por módem de 56kb era más rápida!!!). Por todos lados se ven carteles de Pollo Broaster, aparentemente una versión del pollo frito. Más adelante les contaremos. Después recorrimos el centro con su plaza, iglesia y municipalidad. Había mucho movimiento para ser un día de semana. Algo destacable también es el hecho de que la ciudad está muy limpia y cuidada (al menos las pocas cuadras céntricas que recorrimos). Lo mismo corre para Villazón. Esto confirma una vez más lo del respeto que percibimos en la gente de estos pagos. Todos aparentemente muy orgullosos de su tierra.
Saludos a todos desde el camino,
Marie
Tupiza, Potosí, Bolivia
18 de febrero de 2010

Un pueblito colgado en los andes

Hace quizá 10 o 15 años, el banco Macro, el que más presencia tiene en esta zona del país (incluso llamativamente más que el Nación) publicó un spot muy pintoresco, en el cual mostraba un pequeño poblado perdido en las montañas Salteñas, al cual iban una vez por mes con un banco móvil. Una especie de simpático camioncito que se transformaba en escritorios en donde se atendía a la gente del pueblo. El nombre del pueblito es Iruya. Hacia allí decidimos ir, para alejarnos de los carnavales globalizados.

Por la zona hay pequeños pueblitos perdidos, lo que justifica un servicio de fatigados pero serviciales colectivos, estilo 140 o 92. Una vez que se aparta de la ruta 9, el camino se vuelve de ripio, y empieza a surcar la inmensidad de la seca y extrema puna jujeña. El colectivo sube, sube y para en lugares impensados, en donde la gente se baja, literalmente en el medio de la nada. De dónde vendrán? A dónde irán?

De a poquito llegamos hasta arriba, a 4100 metros, en el límite de Jujuy y Salta, de aquí es todo para abajo. El camino tiene más eses que las que un porteño como yo está acostumbrado en su dicción diaria. Es un zigzag sin fin, hasta llegar abajo de la quebrada, en donde se abre un pintoresco cañón. En cada curva el colectivo parece amagar con irse abajo, pero siempre la trompa termina entrando finalmente en el camino. Mi mejor garantía es que el chofer hace más de 7 años que hace el recorrido, y por lo visto lo sigue haciendo.

Llegamos a Iruya, el paisaje es hermoso. El pueblo es pequeño y está literalmente colgado de las laderas en la base de un cañadón más verde que lo esperable en esta zona. La luz llegó hace poco, también hay internet esporádica, incluso celular. El progreso está llegando, y el pueblo parece contento de recibirlo.

Nos quedamos en lo de doña Asunta, una kolla muy simpática.

Nos cansamos del cumbia carnaval, nos vamos al cerro

El carnaval, al menos en Tilcara, de típico tiene bien poco. Supongo que es lo que sucede con los lugares a los que se llega con relativa facilidad. La mayoría de los "carnavaleros" somos gringos bien blanquitos, probablemente la mayoría con menos noción de la Pachamama o del carnaval mismo que una cholita del NYSE, del NASDAQ o contratos de futuros.

La chicha incluso, bebida alcohólica típica de los pueblos andinos, perdió la batalla contra las más rentables cervezas Norte, Salta o Quilmes también. Pocos trajes, menos instrumentos típicos, mucha cumbia, mucha cumbia. Espuma talco y papel picado. Por las tardes la resaca del pueblo se hace sentir.

Nos cansamos de la gente, el quilombo y el cumbia carnaval, nos vamos a las montañas.

Una más para Tilcara

El camping está a más no poder, tenemos una carpa a cada costado, una adelante, varias a ambos lados. Está complicado. Bañarse es difícil, incluso para ir al baño hay que hacer cola. Y como siempre aquí hay viento y polvo, mucho polvo. Intentamos una vez más con el hostel de enfrente, el de Victoria, y esta vez tenemos suerte. Hay buena onda en el lugar, y Bartolo, el perro, es macanudo.

Cocinamos un revuelto, charlamos un rato con varia gente del hostel que están dando vueltas por aquí, y luego a disfrutar de un mullidísimo colchón, quizá no tanto pero es lo que me pareció. A media noche suena el timbre, qué raro, Victoria sale, intercambia palabras preocupadas con alguien y luego de vuelta, todo tranquilidad.

Mucha gente está convencida que la inseguridad es una sensación de las grandes ciudades, y que además está amplificada por los medios. Me gustaría creerles, suena tranquilizador (o quizá no tanto por lo que le toca a los medios). Sin embargo Tilcara no me parece justamente una ciudad grande, a lo sumo estimo que tendrá 10 o 15 mil habitantes. Hace rato que no tengo opinión formada en este tema, no se bien qué pensar.

Durante la tarde, quién sabe si mientras estábamos o no, alguien entró al a casa de adelante del hostel y se llevó todas las pertenencias de quienes quizá con esfuerzo llegaron a tenerlas y estaban disfrutando inocentemente de una fiesta popular. Estamos casi a 1900 km de Buenos Aires.